Carta a mi segundo padre
Encontrarte no fué dificil. Yo creo que la gente podía poner el reloj en hora por los sitios que frecuentabas cada día en tu rutina cotidiana. A tal hora sentado en el banco de la plaza, a tal hora el primer café, a tal hora un pequeño paseo hasta el parque, a tal hora el segundo y finalmente a casa. Recuerdo cómo acerté con el sitio, sin embargo tu venías ya en dirección a casa por la calle y me viste a lo lejos. Caminabas dificilmente, esa maldita inconveniencia que llevaba 17 años mermandote un brazo y una pierna y haciéndote necesitar de bastón hacía que no pudieses venir rápido hacia mi. En todo caso a mi eso no me importó y fui hacia ti lo mas rápido que pude. Según me viste levantaste el brazo hacia arriba y el bastón, luego me confesaste que "viste las estrellas" levantándolo del esfuerzo que te costó. Y fué entonces cuando te lo dije:
"Guelito, acabé la carrera!!"
"Que alegría!!, hasta para morir hay que esperar"
Ese es quizá el primero de los momentos que ahora me vienen a la cabeza, pero hay tantos que no sería capaz con mi limitada redacción de plasmar la importancia de cada uno de ellos. Recuerdo también que estaba haciendo cuando me enteré de todo. Estaba dando clase hace 3 meses a unos delegados sindicales del metal. En el descanso que les daba a las 11 para que tomasen el café, me sonó el teléfono, era mi madre, sabía que porque tosías mucho te había mandado al médico a ver si te sacaban unas placas:
"Lo que ha salido en las placas no es bueno, no sabemos que es pero tienen que hacerle mas pruebas"
Que curiosa es la vida, una de las personas mas negativas del mundo como soy yo, hasta que no lo vió evidente siempre negó que pudiesen ser otras cosas. Por aquella fecha todavía podías hacer tu vida, salir, disfrutar de tu rutina. Recuerdo cuando nos dijeron que la mancha era lo peor que se podía pensar, que no tenía operación, que no se podía tratar mas que para intentar contenerlo. Yo siempre fuí optimista e iluso, creía que mucha gente vivía con un pulmón, que quizá pudieses aguantar un tiempo con nosotros. Me ponía furioso con mis padres y mi abuela cada vez que decían que ojalá te fueses antes, que lo que nos iba a venir era muy duro y que ojalá te quedases ya. Yo creía que todo lo que veíamos era real, que había tratamientos, opciones, que siempre hay esperanzas y posibilidades. Ellos se reían de mi, nuevamente tachándome de iluso. Ahora ya se por que. Nada de lo que te hicieron sirvió, cada día estabas peor y todo era imparable. Lo único que consiguieron fue calmarte un poco y que estuvieras sin dolores.
Que enfermedad mas cabrona, otras ni se ven ni se sienten. Aún recuerdo cada viaje a casa los fines de semana y como tosías. Nunca he visto toser a nadie así, con cada tos, cada atragantón, es como si la enfermedad te recordase que estaba ahí, que te estaba haciendo sufrir. Tu siempre te cuidaste, como tuviste otros achuchones siempre tomabas una comida sana y tenías una vida sana, que injusto es todo. No eres tan mayor, eres un "joven" de 73 años, podrías haber durado 8 mas, un poco mas, cualquier año mas habría sido suficiente.
La quimioterapia no sirvió para nada. Al menos no te hizo sufrir. Yo juro que te vi mejor cuando te la daban, no se me sentí mas tranquilo, quizá pensé que te alargaría la vida. A las 3 semanas dejaron de ponértela porque no te solucionaba nada. Recuerdo esos días por noviembre en los que sabiendolo todo tenías una fuerza que ninguno teníamos. Recuerdo cuando me dijiste que te ibas contento porque estabas orgulloso de tus nietos, de donde habíamos llegado.
Las navidades no han sido especialmente felices. Recuerdo la pelea que tuve con mis padres el 25 porque me engañaron. Yo pensé que volveríamos a Gijón y comeríamos todos juntos en navidad, las últimas que pasaría contigo. Pero no, no me dijeron nada para que no protestase y no pudimos comer todos, no pudimos hacerlo cuando aún podías tomar turrón y estar feliz. Nunca me lo perdonaré.
Levantarse un 28 de Diciembre viendo como tu no estabas levantado a tu hora fue como poco raro. Tuvieses lo que tuvieses tu a las 9 siempre estabas levantado y tomándote tu café con tu zumo natural. Mas raro fué ver como llamaban una ambulancia, ver como yo mismo les abría la puerta de casa y como te vi salir en una camilla desorientado por la puerta del portal. Al menos yo te abrí la puerta del portal, al menos estuve ahí hasta que te fuiste de tu casa.
Ese día fue raro, tuve una comida con mis amigos de siempre, pero estaba con la cabeza en otro sitio. Recuerdo subir al hospital a urgencias a ver si te podía ver. Recuerdo ver como mi hermano me decía que te trasladaban a la Cruz Roja y que de ahí no ibas a salir ya. No me lo podía creer, me habría gustado darte tantas alegrías, poder ver como me casaba, como tenía trabajo fijo, darte tantas ilusiones. Casi me hace mas ilusion por ver tu cara de satisfacción que por el éxito personal.
Pasé cuantos días pude hasta el Domingo en la cruz roja. Estabas bien, hablabas, nos contaste de todo, hasta ella vino a despedirte y te hizo mucha ilusión. Te dejé el domingo hablando, no te dí un beso porque no soy de besos, porque esperaba dártelo mañana viernes cuando volviera a casa y pasase el fin de semana contigo.
Tener que coger un coche a las 12 de la noche para ir a Gijón no me importó. Máxime cuando mi abuela llamó diciendo que no ibas a pasar de esta noche, máxime cuando creí que aún estabas ahí y que iba a poder despedirme, total hace tres días estabas bien, cansado, incorporado, pero bien. Pero no estas bien. Verte así, sedado, jadeando, como un reloj que se agota es durísimo. No he podido estar mas de 20 minutos en la habitación en toda la noche. Dicen que eres fuerte y por eso sigues ahí, que quizá aguantes un poco mas, que ahora jadeas rápido, que luego lo haras mas lento y espaciado, y que finalmente te apagarás como una vela. Ahora que todavía estas aquí quiero despedirme como te mereces.
Gracias por todo lo que me has dado. Eres un padre para mi. Me has educado, me has querido, y me has ayudado en la vida avanzando como persona. Cuando me quedé en la calle y no tenía donde ir me diste tu casa, me abriste las puertas de par en par. No tenía ni ropa que ponerme, toda estaba rota y no te importó comprarme lo que hiciera falta. Me ayudaste a terminar la carrera, te alegraste mucho cuando te presenté a Begoña, a la que tu llamabas Begoñina. La misma a la que dijiste cuando tomamos ese último café allá por Noviembre cuando aún salías "Verte aquí me da ganas de seguir viviendo". Gracias por tu honradez, por ser una persona buena, justa, amable.
Solo puedo darte gracias por todo, esperar que no sufras mucho y decirte que la próxima vez que hablemos será en el cielo, donde yo no se si acabaré, pero tu sin duda tienes que estar y se te tienen que abrir las puertas de par en par. No puedo decirte hasta siempre, porque no quiero que te vayas. Siento no haber podido estar toda la noche junto a ti hoy, pero no podía verte así ni un minuto mas. Ojalá algún dia pueda hacer que estés donde estes, sigas estando orgulloso de mi y cada vez mas. Me duele mucho no poder darte la tranquilidad de verme con la vida solucionada, pero te garantizo que algún dia lo conseguiré y en casi todo sera gracias a ti.
Por último gracias por quererme. Lo repito porque se que tu me querías de verdad, como nadie me ha querido nunca. Quizá ni todo el dinero del mundo pueda pagar eso, y quizá sea lo que mas me duela, porque yo que te quiero tambien quiero que descanses ya.
Hasta siempre abuelito, hasta siempre papá.
